sábado, 29 de noviembre de 2008


Cuando un meteorito pequeño golpea el suelo de la Tierra no ocurre gran cosa. El efecto que puede producir en la corteza terrestre se erosiona rápidamente y, al cabo de poco tiempo, no queda ni rastro.

Sin embargo, hace unos 50.000 años, un meteorito de gran tamaño golpeó el suelo con fuerza y produjo el cráter meteorítico Barringer, en Arizona, que muestra esta foto.

Barringer tiene más de un kilómetro de diámetro. En 1920, fue el primer cráter de la superficie terrestre en ser reconocida como un cráter por impacto Hoy, se han identificado más de 100 cráteres terrestres por impacto. Un modelo computacional reciente indica cómo una parte del Cañón del Diablo se deforma y funde durante el choque que creó a Barringer.
La masa total de todos los asteroides del Sistema Solar es mucho menor que la de la Luna. Los cuerpos más grandes son más o menos esféricos, pero los que tienen diámetros menores de 160 km tienen formas alargadas e irregulares. La mayoría, independientemente de su tamaño, tardan de 5 a 20 horas en completar un giro sobre su eje. Algunos asteroides tienen compañeros.

Pocos científicos creen que los asteroides sean los restos de un planeta que resultó destruido. Lo más probable es que ocupen el lugar en el Sistema Solar en donde se podría haber formado un planeta de tamaño considerable, lo que no ocurrió por las influencias disruptivas de Júpiter.

Se cree que la mayoría de los meteoritos recuperados en la Tierra son fragmentos de asteroides. LLos científicos creen que los asteroides, al igual que los meteoritos, se pueden clasificar en varios tipos:

Las tres cuartas partes de los asteroides visibles desde la Tierra, incluido Ceres, pertenecen al tipo C, y parecen estar relacionados con una clase de meteoritos conocidos como condritos carbonáceos, que son los materiales más antiguos del Sistema Solar, con una composición que refleja la de las primitivas nebulosas solares.

Los asteroides del tipo S, relacionados con los meteoritos pétreos-ferrosos, constituyen aproximadamente el 15% del total.

Mucho más raros son los objetos del tipo M, que corresponden por su composición a los meteoritos ferrosos. Compuestos de una aleación de hierro y níquel, representan los núcleos de los cuerpos planetarios, a los que los impactos despojaron de sus capas externas.

Unos pocos asteroides, entre ellos Vesta, quizá estén relacionados con la clase más extraña de meteoritos: los acondritos. Parecen tener en su superficie una composición semejante a la lava terrestre. Por ello, los astrónomos están razonablemente seguros de que Vesta, en algún momento de su historia, se reblandeció de forma parcial.

No hay comentarios: